sábado, diciembre 16, 2006

Grietas














Sin notarlo, sin predecirlo, un día vas caminando y encuentras una grieta en el camino. Decides saltar, porque aún te quedan fuerzas para seguir, porque quieres desafiar a aquel que te dijo "lo malo de los poetas es que no lucháis hasta el final". Pero tú sí quieres luchar, coges impulso y te lanzas al otro lado.


Y continúas andando, y miras atrás y piensas "lo conseguí". Después, con el tiempo, comienzas a ser consciente de los sacrificios impuestos, de las palabras perdidas, del exilio involuntario de las musas, del libro sin hojas, de las lágrimas desaparecidas...

Como Cecilia en su Despropósito, tú también cambiaste la poesía por otra vida (no envidiable pero sí sin sobresaltos). Y ahora echas de menos todo aquello, y miras a la otra , la que se quedó del lado de allá, del lado violeta, y te preguntas cómo estará, si se acordará de ti, si en la próxima cita (impuesta por dioses mayores) serás capaz de mirarla a los ojos y admitir tu abandono.

Y, ante todo, no comentar nada de promesas baldías sobre futuros regresos.